viernes, 29 de octubre de 2010

- Has venido.
- Te contesté en la nota que lo haría, ¿no?
- Eso significa que tú y yo...
- Significa que me has echo mucho daño. Significa que te has liado con mi mejor amiga, pero que ella te ha dejado y ahora vienes a por mí. Significa que como estás sólo, ahora quieres a Helena.
- Violeta, no es eso.
-HELENA se ha enamorado de otro ¿lo sabías?
- No.
- Pues ya lo sabes.
Y así nos quedamos. Sentados espalda contra espalda, sin hablar, sin discutir, sólos, escuchando el silencio.
Y un atardecer precioso que se alzaba en el cielo. Se giró un poco, sin preguntarme, sin decirme nada, sólo en silencio, y me besó.
Un beso cálido que hizo que mi cuerpo se estremeciera, que hizo que miles de recuerdos llegaran a mi mente: el primer día, los mensajes, las miradas, nuestro banco, aquellos besos, y aquel adiós...Y ella...
Me susurró tras aquel beso ligero y rápido: "y ahora dime que cuando te beso no sientes miles de mariposas en tu estómago, o como tu corazón se ha acelerado estrepitosamente, o como sólo piensas en besarme más y más." Cerré mis ojos y me dejé llevar por aquellos segundos que me parecieron estar en el cielo. Volver a sus caricias, a sus besos, a sus dulces palabras...a sus dulces mentiras.
- El problema no es que sienta a todas estas mariposas en mi estómago, o que mi corazón se acelere sin pedir permiso o que sólo piense en besarte más y más hasta quedarnos sin aliento. El problema es que eso sólo lo siento yo.
- Helena. T e q u i e r o. ¿Por qué poner más problemas a esto Helena?  
- El problema es que yo ya no te creo...
Me levanté poco a poco y me fuí, cayendo una tímida lágrima por mi mejilla - una más derramada por él, aunque me prometí no hacerlo nunca más - y queriendo estar a 20.000 km de distancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario